Mauro Libi Crestani

«El trabajo arduo ha caracterizado a mi familia»

"Mi filosofía empresarial se basa en la constancia y el esfuerzo de mi equipo"

Nuestro modelo de negocio ha logrado consolidarse en toda América

Por Mauro Libi Crestani | noviembre 19, 2019 

Aunque resulte difícil pontificar sobre alguna tendencia o patrón de comportamiento del emprendedor exitoso, es posible identificar algunas pautas y hábitos que lo definen o que forman parte de su disciplina de trabajo.

Siempre he sido de la idea que el emprendedor por vocación y convicción se maneja brillantemente entre la pasión y la genialidad, un amplio rango donde se conjugan el conocimiento, la disciplina, el trabajo sostenido y un liderazgo inspirador para conformar equipos y darle sentido a su obra.

No obstante, existen algunos indicativos de las cualidades necesarias o deseables para que ese emprendedor vea felizmente el logro de sus metas y objetivos.

Comparto con un ustedes algunos de ellos, pero pueden ser muchos más. ¿Agregarías otro a la lista? Espero tus comentarios.

Pensamiento optimista y orientado al éxito. Aquí comienza todo. No conozco a un triunfador anclado en el pesimismo atrayendo tempestades. Además, las personas optimistas procesan mejor la información negativa, evalúan y gestionan el riesgo con responsabilidad, tienen claridad mental para manejar la información compleja y por lo general suelen trabajan con mayor creatividad y nuevas ideas.

Un emprendedor tras el éxito maneja sus emociones estratégicamente

y los conduce al terreno de lo posible en términos de oportunidades y soluciones.

– Pasión en lo que se emprende. Cuando perdemos la pasión, perdemos la posibilidad de mostrarle al mundo lo mejor de nuestro talento. Los profesionales de éxito son personas que se dedicaron a su vocación, a lo que les apasionaba, sin pensar si convenía o no, si era una profesión lucrativa o no lo era. Cuando se siente pasión, todo fluye y somos capaces de ser creativos e invertir energía y tiempo sin el coste de la pereza.

– Coraje. Necesario para asumir los retos con valentía. Hay que estar preparado para asumir el fracaso y la derrota como una posibilidad, o mejor aún, como un aprendizaje: en caso de no conseguir un objetivo a la primera, hay que volver a intentarlo. La valentía no es cuestión de genes, sino de actitud y aprendizaje.

Un emprendedor asume que es incompatible querer crecer y superarse sin salir del recinto seguro. Por eso necesita esa dosis adicional para despegar conquistando lo desconocido.

– Estabilidad emocional. Dominio sobre ellas para usarlas a su favor. Un emprendedor aplomado mantiene una actitud serena y equilibrada que transmite a los demás en las buenas y en las malas. Además tener control interno nos lleva a confiar en nuestras fortalezas.

– Arriesgarse sin morir en el intento. Parte de la esencia de un emprendedor es tener la certeza de que para cumplir su sueño debe superar muchos obstáculos. Estar dispuesto a invertir tiempo dinero en infinidad de actividades que quizás no lleguen a nada. Por eso debe estar preparado a gestionar esa travesía con resiliencia y perseverancia.

– Propósito y compromiso. Para que tu idea emprendedora se implante y crezca más allá de los dos años, que es el tiempo que le dan a gran parte de los emprendimientos, es útil y conveniente revestirlo de una visión y un compromiso con la sociedad en la cual nos desenvolvemos.

Parte de nuestra fórmula exitosa en el Grupo Libi desde sus comienzos, ha sido identificarnos y trabajar en función a nuestro ideal de país con oportunidades para todos, a través de programas para asistir a sectores vulnerables como una contribución a ese público creciente que ha confiado en nosotros.